Cine

La isla mínima , el silencio de un mundo humillado

AÑO:2014
DURACION 104 min
PAÍS España
DIRECTOR Alfredo Rodriguez
GUION Alfredo Rodriguez y Rafael Cobos
MUSICA Julio de la Rosa
FOTOGRAFÍA Alex Catalán
REPARTO Raúl Arévalo, Javier Gutiérrez, Nerea Barros, Antonio de la Torre, Jesús Castro, Mercedes León, Manolo Solo, Jesús Carroza, Cecilia Villanueva, Salva Reina, Juan Carlos Villanueva
LA ISLA MINIMA es un trabajo que vale la pena ver. Presidido de un importante éxito de crítica y de audiencia, el filme representa con toda propiedad el buen momento del cine hispano. Y se inscribe en la revalorización del cine negro, que ha tenido un importante renacimiento centrado principalmente en la producción de TV, donde series como la valorada TRUE DETECTIVE han demostrado que el género tiene múltiples recursos para dar cuenta y cuento a lo actual.

En LA ISLA MINIMA (título en extremo sugerente para una historia policial), todo comienza cuando dos policías de Madrid se trasladan a una pequeña localidad de las marismas del Guadalquivir para investigar la desaparición de dos adolescentes. Los antecedentes que reúnen hacen conjeturar de manera inmediata que las circunstancias que rodean las desapariciones de ambas niñas van más allá de lo obvio. De ahí en adelante el filme explota de manera inteligente y dinámica todas las reglas del género.

El paisaje junto al carácter ambiguo de los protagonistas es usado para construir un relato muy poderoso sobre un mundo muy poco develado. Una forma de vida que constituye un espacio paralelo, que los investigadores deben enfrentar.

La historia de la investigación policial nos introduce en un territorio cercado por el agua y en la cultura ignorada de los habitantes de grandes ríos como el Guadalquivir. En ese registro las tomas aéreas nos sirven para comprender las difíciles condiciones en que los habitantes de las marismas desarrollan sus vidas. Y para entender el aislamiento y la inmovilidad que los rodea y el pujante deseo de los jóvenes de huir de un ambiente donde la vida apenas transcurre.

La película, como todo texto del género, invita al espectador a una inmersión en el universo de los personajes. Por lo mismo la identificación con los investigadores es clave y se plantea desde el antagonismo que los separa. Al respecto Rodríguez afirma que su intención es que el espectador haga el viaje con los protagonistas y se plantee preguntas. ”Intentábamos que el espectador hiciera el viaje con ellos y que sintieran las cosas como las sienten ellos: que le removieran y le provocaran preguntas, porque no son ni del todo buenos ni del todo malos, son personajes atrapados por su humanidad, poliédricos, con muchas aristas” Parte del mérito del filme es ese; cumpliendo con las premisas del cine negro el universo de los personajes está a medías develado y se mueve en una humanidad en conflicto. Diferencias llenas de luz y de sombra, y de referencias a la vida íntima y a las circunstancias históricas de España en medio de la transición.

El proceso de inmersión que el espectador comparte con los personajes es uno de los elementos centrales que le otorgan valor a la película. Se trata de una inmersión en mundos ocultos y en una naturaleza salvaje. En medio de los años 80, con una transición política inacabada, donde el orden forjado en la sociedad franquista subsiste como los elementos de un cuadro donde importa especialmente la figura entre las sombras, que en este caso es un poder señorial que lo cruza todo.

Como buen thriller policial el filme funciona usando como columna vertebral la investigación que porta una tensión centrada en la relación entre los investigadores, que también cargan con la pugna entre la España que muere y la que se asoma. De hecho la historia muestra a la gente de las marismas detenida en un orden que se supone se derrumba, tratando de rearmar la causa de las luchas obreras con una profunda desconfianza hacia las instituciones. La misma que se vuelve indolencia ante la investigación de las desapariciones, de la que nadie espera nada y que está cruzada por el horror y la violencia aprendida a través de los años.

Resulta notable el manejo del suspenso a partir de un ritmo de rodaje pausado, que crea una delimitación del espacio de la representación, donde las estrechas vías en medio del agua que los policías recorren una y otra vez se vuelven una suerte de sistema circulatorio donde la suerte de las niñas es consumida por la naturaleza misma.

Sobre el impacto que la película tuvo en el público y en la crítica el director afirma que el valor del relato de suspenso y su capacidad de introspección ha calado en el estado de crisis actual “El buen thriller es un género que en las crisis explica muchas cosas. Y ahora vivimos un momento… sucio, en que la sociedad se está mirando las tripas. Por eso creo que hemos tenido éxito por dos cosas por el momento y el lugar”.

Sin duda la película habla de la España fallida, esa que por mucho tiempo se negó a sí misma y término imponiéndose de la peor manera.

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